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domingo, 9 de agosto de 2015

5.1 - Moisés, la zarza ardiendo y los 10 Mandamientos

El Monte Sinai es el lugar de la manifestación de Dios a Moisés...
(se le aparece en la zarza que ardía y no se consumía, le habla allí, le entrega la Alianza, el Sinaí es un lugar santo, donde Dios habló a Moisés y le dio a conocer su nombre y su voluntad (“tu irás al Faraón y sacarás a mi pueblo de la esclavitud.. y lo traerás a este lugar”. 
En lo alto del Monte Santo Dios entregó a Moisés las “Tablas de la Ley” los10 Mandamientos, llamado también El Decálogo o, mejor dicho, las 10 Palabras de Vida para la humanidad entera.
Unos visitantes españoles escribieron en su Blog este bonito testimonio de su visita al Monte Sinaí:
En estos tiempos  hay al menos un lugar en el mundo en el que no existen conflictos, en donde todos, sin distinción de razas, colores, rasgos... viven un mismo latir, sienten una misma pasión, entonan un mismo canto... Es la tierra tocada por el dedo divino, es el Jabal Moussa, el monte Sinaí.
Plantearse el reto de ascender a 2.285 metros de altura con el principal fin de ver amanecer, puede parecer sólo una loca aventura de bohemios y enamoradizos. Pero no, éste no es el caso. Lo cierto es que los que en alguna ocasión se han dispuesto a subir el monte sagrado, y lo han hecho, han sido guiados por un espíritu religioso: seguir los pasos de Moisés y alcanzar aquella cumbre en la que recibió las Sagradas Escrituras, es una experiencia única, fortalecida por una gran carga emocional. De eso no hay duda.
Cuando aún el cielo no ha abierto su primer rayo de luz, hacia eso de la 1.30 ó 2 de la mañana, la falda del monte ya recibe a los caminantes. Con la mochila a la espalda, portadora de algún fruto seco o chocolatina, agua, un jersey y una linterna, comienza la marcha por alguna de las dos rutas posibles: o subiendo 3.750 escalones, o los estrechos caminos de tierra en camello o a pie hasta llegar a los últimos 69 metros en los que 700 escalones de piedra te conducen a la cima.
Todo está en penumbra y la temperatura ambiente es bastante fresca. El trayecto es duro y solitario. Algo más de tres horas se tarda en llegar al destino. Durante todo ese tiempo, a un paso tranquilo, tú contigo mismo entablas una estrecha relación de ánimo, satisfacción y, silenciosamente, charlas de lo divino y de lo humano..
Son alrededor de las seis de la madrugada, un sol soberbio, rojizo, perfecto, ensoñador, delicado, cautivador... te penetra la mirada iluminándote de su belleza. En ese momento, se escucha, casi como un susurro, un canto. Procede de una pequeña capilla que se encuentra en la cima, es la de la Santísima Trinidad. A ese canto, le responde otro de algunos judíos que han subido esa noche. Te dejas llevar... Le están cantando al sol...
En la cima existe una capilla dedicada a la Trinidad, sobre los restos de otra bizantina, y de una mezquita. Desde la misma se divisa el monte Catalina (2637 m), la cumbre más alta, y una sorprendente vista sobre el mar Rojo y el golfo de Eilat.
Una vez ha amanecido regresas rumbo al monasterio de Santa Catalina. En el camino contemplas la serenidad y sobriedad de las colinas circundantes... Todo está en calma, en paz consigo mismo.
En la Biblia, el monte Sinaí es también llamado Monte Horeb y el Monte de Dios. 
En él tuvieron lugar el episodio de la zarza ardiente y la entrega por Dios de los Mandamientos, tiene una altura de 2285 m. y 700 m sobre la llanura de Rahah donde acampo el pueblo de Dios.
He aquí lo que nos narra la Biblia sobre el primer Encuentro que tuvo Moisés con el Señor en el Monte Sinaí:
Moisés se descalza a la orden del Señor frente a la Zarza Ardiente. (Mosaico antiguo)
Exodo. 3:1.Moisés cuidaba las ovejas de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas muy lejos en el desierto y llegó al cerro de Horeb, esto es, el Cerro de Dios.
2. Entonces fue cuando el Ángel de Yavé se presentó a él, como una llama ardiente en medio de una zarza. Moisés estuvo observando: la zarza ardía, pero no se consumía.
 3.Y se dijo: «Voy a dar una vuelta para mirar esta cosa tan extraordinaria: ¿por qué la zarza no se consume?»
 4 Yavé vio que Moisés se acercaba para mirar; Dios lo llamó de en medio de la zarza: «¡Moisés, Moisés!», y él respondió: «Aquí estoy.»
 5.Yavé le dijo: «No te acerques más. Sácate tus sandalias porque el lugar que pisas es tierra sagrada.»
 6. Luego le dijo: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.» Al instante Moisés se tapó la cara, porque tuvo miedo de que su mirada se fijara sobre Dios.  7.Yavé dijo: «He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he escuchado sus gritos cuando lo maltrataban sus mayordomos. Yo conozco sus sufrimientos, 8.y por esta razón estoy bajando, para librarlo del poder de los egipcios y para hacerlo subir de aquí a un país grande y fértil, a una tierra que mana leche y miel, al territorio de los cananeos, de los heteos, de los amorreos, los fereceos, los jeveos y los jebuseos.

9 El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta Mí y he visto cómo los egipcios los oprimen.
10.Ve, pues, Yo te envío a Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.»
En el Libro del Exodo se narra la Manifestación de Dios en lo alto del Monte Sinaí:
Éxodo 19
1 Al tercer mes después de la salida de Egipto, ese mismo día, llegaron los hijos de Israel al desierto de Sinaí.
2 Partieron de Refidim, y al llegar al desierto de Sinaí acamparon en el desierto. Allí acampó Israel frente al monte.
3 Moisés subió hacia Dios. Yahveh le llamó desde el monte, y le dijo: "Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel:
4 "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí.
5 Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra;
6 seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa." Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel."
7 Fue, pues, Moisés y convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todas estas palabras que Yahveh le había mandado.
8 Todo el pueblo a una respondió diciendo: "Haremos todo cuanto ha dicho Yahveh." Y Moisés llevó a Yahveh la respuesta del pueblo.
9 Dijo Yahveh a Moisés: "Mira: Voy a presentarme a ti en una densa nube para que el pueblo me oiga hablar contigo, y así te dé crédito para siempre." Y Moisés refirió a Yahveh las palabras del pueblo.
10 Yahveh dijo a Moisés: "Ve donde el pueblo y haz que se santifiquen hoy y mañana; que laven sus vestidos
11 y estén preparados para el tercer día; porque al día tercero descenderá Yahveh a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí.
Éxodo 20
1 Entonces pronunció Dios todas estas palabras diciendo:2 "Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre.
3 No habrá para ti otros dioses delante de mí.
4 No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra.
5 No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian,
6 y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos.
7 No tomarás en falso el nombre de Yahveh, tu Dios; porque Yahveh no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso.
8 Recuerda el día del sábado para santificarlo.
9 Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos,
10 pero el día séptimo es día de descanso para Yahveh, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad.
11 Pues en seis días hizo Yahveh el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo Yahveh el día del sábado y lo hizo sagrado.
12 Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Yahveh, tu Dios, te va a dar.
13 No matarás.
14 No cometerás adulterio.
15 No robarás.
16 No darás testimonio falso contra tu prójimo.
17 No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo."

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